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Capítulo 1

El día empezó como solían empezar todos los días en la Escuela de ponis del Mágico país de las nubes. Todo era como de costumbre en la Escuela de ponis. Toni suspiró mientras se cepillaba los dientes, peinaba su crines y se lavaba el hocico. Exactamente igual que ayer. Y anteayer. Y el día anterior y el otro y el otro...  

 

Todos los ponis trotaban en el picadero dando vueltas y más vueltas. Tal como solían hacer todos los días. Practicaban el trote y a Toni no le gustaba nada de nada. Y no le gustaba porque no era bueno trotando y porque pensaba que era superaburridísimo.  

 

—En la vida debe haber algo más que hacer que trotar y trotar —pensó Toni en voz alta, algo que solía hacer de vez en cuando — y llevar el paso. —De repente, Toni se dio de bruces con el poni que marchaba delante de él, que se había detenido de golpe.  

 

—¿Qué has dicho? —gritaron los otros ponis al unísono, tanto Luna como Cuqui, Rafi y todos los demás. Toni se sonrojó, se suponía que nadie tenía por qué escuchar lo que pensaba. Pero ahora que lo habían hecho, ya daba igual.  

 

—Bueno... ¿Nunca habéis pensado en que debe haber otras cosas que hacer en este mundo aparte de trotar todo el día? 

—Despertarse, comer, trotar, dormir... Así son las cosas y así han sido siempre —contestaron los otros ponis al unísono.  

—Pero ¿qué pasa si quiero hacer otra cosa? —volvió a preguntar Toni.  

—Despertarse, comer, trotar, dormir... Así son las cosas y así han sido siempre —repitieron los otros ponis. Y después comenzaron a trotar de nuevo. Pero Toni no lo hizo.  

 

Pasó un ratito hasta que los otros ponis vieron que Toni se negaba a trotar. Y se detuvieron.  

—¿Por qué no trotas? 

—No me apetece, quiero hacer otra cosa. 

Juanito, el poni más gris y el que mejor trotaba, se acercó a Toni.  

—¿Y qué quieres entonces? 

—Quiero salir y ver mundo. 

—¡No puedes desear eso! 
—¿Por qué?— preguntó Toni.  

—Aquí, en la Escuela de ponis, uno sabe siempre lo que va a pasar. El mundo de ahí fuera es grande, malvado y peligroso. 

—Bueno, eso lo tendré que descubrir por mí mismo —respondió Toni.  

Todo quedó en silencio. Juanito relinchó de risa.  

—Vaya, vaya. ¡Sí que eres valiente! —¿A lo mejor incluso deberías atreverte e ir a luchar contra Drago, el dragón? 

Los otros ponis rieron estrepitosamente. Todos sabían que Drago era el animal más peligroso del mundo y que nadie, ¡nadie!, se atrevía a enfrentarse a él.  

Toni se aclaró el nudo que se le hizo en la garganta.  

—Sí, de hecho, es lo que voy a hacer. 

 

Poco después, Toni preparó su mochila y se marchó a luchar contra el peligroso dragón.  

Capítulo 2

Si Toni hubiera sido totalmente sincero, eso de salir a buscar a un peligroso dragón podría no haber sido la mejor idea del mundo. Pero uno tiene que cumplir las promesas que hace. Especialmente las que uno se hace a sí mismo. Así que Toni siguió su camino para descubrir todo lo que hubiera por descubrir en el Mágico país de las nubes.  

 

Toni se adentró en un bosque, pero no en uno cualquiera, este era bastante oscuro y espeluznante. Después de caminar un rato, llegó a un puente que cruzaba un río. Toni caminaba sin pensar realmente en nada concreto y justo cuando estaba cruzando el puente, de repente, saltó un ninja frente a él.  

 

—Pero ¿qué crees que estás haciendo? 

—Pues cruzando el puente —respondió Toni.  

—No, no, no... Así no funciona esto. Yo soy el guardián del puente —dijo el ninja con voz profunda, dándose importancia.  

—¡Vaya! Qué emocionante suena. ¿Y qué significa exactamente? —preguntó Toni.  

—Bueno, eso significa que vigilo el puente y me aseguro de no lo cruce cualquiera que desee hacerlo. 

Toni se quedó pensativo. Él no creía que fuera un "cualquiera", a pesar de todo era Toni y se encaminaba a vivir una aventura.  

—Estoy seguro de que no todos pueden hacerlo. Pero ¿me permites a mí que cruce el puente? —preguntó.  

El ninja resopló con fuerza.  

—Pero ¿es que no sabes nada sobre guardianes de puentes? 

—La verdad es que no —admitió Toni.  

—En realidad, es la primera vez que salgo de la Escuela de ponis, así que seguramente existen muchas cosas sobre las que no sé nada de nada. 

El ninja sacudió la cabeza.  

—A ver cómo te lo explico... Para poder cruzar el puente, tienes que responder una pregunta. ¡Una pregunta difícil! ¡Megadifícil! 

—Bueno, bueno... Espero ser capaz de responderla —dijo Toni.  

 

Toni miró de reojo al ninja. El ninja miró a Toni. Todo quedó en silencio, ninguno decía nada.  

—Vale... ¿Y cuál es la pregunta?" 

—¡Espera! Estoy pensando en una. La verdad es que hace tiempo que no pasa nadie por aquí y estoy un poquito desentrenado en hacer preguntas. 

—Toni se sentó y esperó pacientemente.  

 

De repente, el ninja dio un brinco.  

—¡Ya está! Ya tengo una. Es una pregunta megadifícil. ¿Estás preparado? 

Toni asintió.  

—Dime... ¿Cuál es tu color favorito? 

—¡Vaya! Sí que es difícil —dijo Toni. —¿Cuál es el tuyo? 

—¡El negro, por supuesto! 

—Hum. Creo que me gusta más el rosa. O el... No, espera. ¡El naranja! No... El verde. Escojo el verde. 

—A ver, no puedes decir todos los colores. Soy el guardián del puente y exijo una respuesta clara. 

—Verde —dijo Toni con voz firme. 

—Vale, has acertado. Puedes cruzar el puente —dijo el ninja.—Pero ¿hacía dónde te diriges? 

—Voy a buscar y luchar contra Drago, el dragón. 

El ninja palideció al instante.  

—Esa sí que es una malísima idea... ¡Drago es increíblemente peligroso y arroja fuego por la boca! Tal vez deberías quedarte aquí conmigo. Así podremos lanzar estrellas ninja y hacer todo tipo de cosas que hacen los ninja. 

Toni sonrió y negó con la cabeza.  

—Muchas gracias, ninja, pero me he prometido a mí mismo encontrar a Drago, el dragón, y es lo que voy a hacer. Pero seguro que volveremos a encontrarnos. 

 



Capítulo 3

Charlar con el ninja guardián del puente, responder a sus preguntas y todas esas cosas, le había abierto el apetito a Toni, así que decidió parar a comer lo que había preparado.  

 

Encontró un bonito lugar en el bosque donde había algunas piedras grandes para sentarse y los rayos del sol atravesaban las copas de los árboles. Toni sacó la comida y justo cuando estaba a punto de hincarle el diente a un sándwich, escuchó algo detrás de un arbusto.  

 

—¡Pss! 

Toni miró el arbusto.  

—¡Pss! —escuchó de nuevo.  

Qué raro es todo esto. Toni se puso de pie y miró detrás del arbusto. Vio que había una entrada a una cueva y dentro de esta, Toni pudo ver dos ojos brillantes.  

—Estoooo... ¿Hola?  

Toni jamás había visto unos ojos tan extraños ni había hablado con nadie escondido en una cueva, así que no sabía exactamente qué más decir.  

—Hola —susurró la voz desde el interior de la cueva.  

¿Tienes algo de comida? 

—Sí, claro. Si sales aquí conmigo al sol, podremos compartir la comida que traigo —respondió Toni. Sonaba bien eso de disfrutar de la comida en compañía.  

Los ojos se movieron en dirección hacia Toni y este pudo ver por fin que pertenecían a un vampiro pálido y delgado.  

—Imposible. Soy un vampiro— dijo el vampiro.  

—¿Y qué problema ahí? —preguntó Toni.  

—Bueno, es que no soportamos la luz del sol. Pero ni un solo rayito. Así que no puedo salir a buscar comida durante el día. Además, me da un poquito de miedo la oscuridad, así que tampoco salgo mucho por la noche.  

—Vaya, qué mala suerte. No lo tienes fácil, la verdad. Pero si te sientas aquí a la sombra debajo del árbol, yo me puedo sentar en lado que da el sol y podremos compartir mi comida. Traigo sándwiches, mandarinas y muchas cosas más —dijo Toni.  

Así que al final se sentaron un ratito juntos a comer.  

—Por cierto, voy buscando a Drago, el dragón. ¿Sabes hacia dónde tengo que dirigirme? —preguntó Toni.  

El vampiro casi se atraganta con medio plátano.  

—¿Drago? Drago es increíblemente peligroso y arroja fuego por la boca. Además, se come a todos, tanto humanos como animales. ¡Debes mantenerte alejado de él! 

—Lo sé, la gente dice eso. De todos modos, quiero encontrarle —explicó Toni.  

—Si es lo que quieres, ese es el camino —señaló el vampiro en dirección al interior del bosque.  

—Muchas gracias. Quizás volvamos a vernos —se despidió Toni y levantándose, cargó la mochila y se encaminó hacia las profundidades del bosque.  

 

Toni no había avanzado mucho cuando nuevamente comenzó a arrepentirse de no haberse quedado en la seguridad que ofrecía la Escuela de ponis. Todo a su alrededor se volvía cada vez más oscuro y brumoso. Y de repente, escuchó una risa ronca y fea. Justo frente a él... 





Capítulo 4

Un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Toni cuando escuchó esa risa ronca y fea que procedía de las oscuridades del bosque. Y como los ponis tienen una espalda larga, el escalofrío duro mucho.  

 

—¿Qué será eso? ¿Me dará tiempo a regresar por donde he venido? —pensó Toni, pero antes de que pudiera responderse a sí mismo, apareció una bruja delante de él.  

La bruja volvió a emitir esa desagradable risa con fuerza.  

—¡Por aquí no puedes pasar, amigo! 

—Pero... —comenzó a decir Toni, cuando la bruja lo interrumpió antes de que pudiera continuar.  

—¡No hasta que me hayas dado todo lo que llevas! 

—Vale. Está bien —dijo Toni y descargó la mochila.  

—Esto... ¿Qué estás haciendo? —preguntó la bruja.  

—¿Te voy a dar todas mis cosas? 

—¡Así no es como funciona! ¡Primero tienes que protestar y negarte! Después te amenazaré con un hechizo para convertirte en una roca, en un bombín de bicicleta o en algo más espeluznante. 

—Vaya... —dijo Toni.  

Perdóname, es que es la primera vez que estoy aquí en el bosque y también la primera vez que conozco a una bruja. Así que no sé muy bien cómo se hacen estas cosas. Pero si para ti es importante quedarte con todo lo que llevo, entonces te las daré. De todos modos, no quiero que me conviertas en un bombín para la bicicleta. 

 

Toni comenzó a sacar lo que llevaba en la mochila. Su bufanda, su cuaderno, su espada y todo lo demás.  

—Toma.  

Toni le mostró las cosas a la bruja, pero esta sacudió la cabeza enfadada.  

—Si me vas a dar todas esas cosas, así sin más, ya no las quiero. 

Toni pensó que la bruja estaba un poco loca. Pero se encogió de hombros y comenzó a recoger sus cosas y a meterlas de nuevo en la mochila. Pero le estaba costando trabajo, dijo.  

—¿Quieres ayudarme? Voy camino de encontrarme con Drago, el dragón, para luchar contra él. ¿Conoces el camino? Yo no lo conozco, la verdad. 

A la bruja se le abrieron los ojos de par en par.  

—Drago es increíblemente peligroso y arroja fuego por la boca. Además, se come a todos, tanto humanos como animales. ¡Y NO le gustan los refrescos! ¿No es horripilante?  

—Sí. Mucho. Pero me he prometido a mí mismo que lo encontraré. Así que, ¿puedes indicarme el camino? —preguntó Toni.  

La bruja rio de nuevo con su fea risa de bruja.  

—Sí, claro que podría. ¡Pero no lo haré, porque no me diste todas tus cosas! 
—Pero... —dijo Toni.  

—Ni peros, ni peras. No me has dado tus cosas y no quiero indicarte el camino. 

La bruja se rio de nuevo, se dio la vuelta y se alejó.  

 

Toni suspiró. Realmente no entendía qué había hecho mal. Estaba a punto de meter todo de nuevo en su mochila y cerrar la cremallera cuando noto que había algo que él no había metido. Era un reloj de arena. Y una carta. Toni abrió la carta. Era de Juanito, el pony más gris y el que mejor trotaba de toda la Escuela de ponis.  

 

La carta decía:  

"Para Toni. Entiendo que te gustaría salir y ver algo más del Mágico país de las nubes. Pero tu lugar está entre los ponis y aún estás a tiempo de arrepentirte. Si estás de vuelta en la Escuela de ponis antes de que la arena del reloj de arena termine de fluir, podrás participar en el Desfile de los ponis, donde nos graduaremos como ponis. Si no llegas a tiempo, no podrás volver a ser parte de la comunidad de ponis". 

Toni plegó la carta, miró el reloj de arena y se aclaró el nudo que se le hizo en la garganta.



Capítulo 5

Toni caminó, caminó y siguió caminando. Y mientras lo hacía, pensaba en qué estaba haciendo realmente. Lo más fácil definitivamente sería darse la vuelta y volver a la Escuela de ponis antes del gran Desfile de ponis. Pero Toni también quería ver más del mundo. Además, se había prometido a sí mismo que encontraría a Drago, el dragón. Y eso era lo que iba a hacer. Y DESPUÉS correría de vuelta a casa para llegar al Desfile de ponis y no perder a todos sus amigos y amigas.  

 

Mientras Toni se sumía en sus pensamientos, salió del oscuro bosque y se encontró en una playa. De repente, un vaquero saltó desde detrás de una gran roca.  

—¡Hola, amigo! 

—¡Hola! —respondió Toni. 

—Sí, sí, soy un vaquero —dijo el vaquero. 

—Ya lo veo, me he dado cuenta por ese sombrero de vaquero que llevas puesto. Y por las botas vaqueras, claro. Y la estrella de sheriff —dijo Toni.  

—Es verdad, qué tonto soy. 

—¿Puedes ayudarme? —preguntó Toni.  

—Necesito encontrar a Drago, el dragón, y desconozco el camino. ¿Sabes dónde vive? 

—¡Vaya! Drago es increíblemente peligroso y arroja fuego por la boca. Además, se come a todos, tanto humanos como animales. ¡Y NO le gustan los refrescos! ¡Y es malvado!  

Toni asintió.  

—Sí, ya he escuchado eso, pero me gustaría encontrarlo de todos modos. ¿Sabes dónde vive? Si es así, dímelo porque tengo un poco de prisa. 

—Claro que sé dónde vive. Pero ¿podría contarte primero una historia? ¡Me encantan las historias! 

 

—En realidad no tengo mucho tiempo... —comenzó a decir Toni, pero el vaquero no le hizo caso y simplemente continuó: 

—Fue hace muchos años, pero una vez atravesé América cabalgando porque me había enamorado de una bella buscadora de oro, que había viajado hasta Alaska para buscar oro. Así que yo también me quise ir a Alaska, pero lo que pasó fue que después de tan solo dos días a lomos de mi caballo, este se agotó. Y después...  

Toni intentó interrumpir la historia varias veces, pero el vaquero hablaba sin parar. Era imposible detenerlo. Finalmente, la historia terminó. Toni estaba bastante impaciente y carraspeó:  

—Qué buena historia. Pero estábamos hablando de Drago, el dragón... 

 

El vaquero le interrumpió de nuevo.  

—Sí, sí, no te preocupes, ahora te lo diré. Pero ¿no quieres ver mis cosas primero? Mira, tengo una pelota de goma y una tijeras y un yoyó y un cubo y... 

Toni intentó de nuevo detener al vaquero, pero este seguía hablando sin parar de todas sus cosas. Cuando finalmente terminó, Toni se apresuró a decir: 

—Tengo mucha prisa, ¿podrías decirme por favor qué camino debo tomar para encontrar a Drago? 

—Claro, pero ¿no vamos a jugar un poquito primero? Tengo el juego de las 4 en raya, un parchís, un ajedrez y cartas y... 

El vaquero hablaba sin parar. Pero ahora Toni lo interrumpió en voz alta: 
—¡Necesito seguir adelante!  

 

Y comenzó a cabalgar rápidamente por la playa. La verdad que no tenía ni idea de dónde estaba ni a dónde iba, pero al menos estaba en camino.  

 

Transcurrido un rato, la playa por la que caminaba Toni se convirtió en desierto. Un vasto y caluroso desierto lleno de arena. Toni se detuvo y miró a su alrededor. Lo único que podía ver era arena y más arena. A lo mejor se había perdido. Pero de repente entrecerró los ojos. ¿Qué era lo que se vislumbraba en el horizonte? Un… ¿Barco pirata? 

Capítulo 6

Toni se dirigió hacia el barco pirata. Caminar en la arena era difícil y sentía sus cascos muy pesados. Además, llevaba todo el día caminando. Cuando estaba a punto de llegar al barco, se produjo un fuerte estallido y algo pesado aterrizó justo a su lado. ¡Una bala de cañón! 

—Dejad de disparar, solo necesito preguntar algo —gritó Toni, con la esperanza de que alguien lo escuchara. Una voz ronca sonó tras él.  

—¡Uy!, perdóname, es una vieja costumbre. A los piratas nos encanta disparar con cañones a la gente. 

—¡Anda! ¿Entonces eres un pirata? —preguntó Toni con curiosidad, acercándose. En la cubierta del barco pirata había una niña con un parche en un ojo, un gran sable, un pendiente, DOS piernas de madera y un loro en el hombro.  

—¿Soy una pirata? Y puede prometerte que lo soy, de los pies a la cabeza. ¡Soy Frida "La Terrible", soberana de los siete mares, diabla de mar, conocida y temida desde el Polo Norte hasta el Cabo de Buena Esperanza!" 

—¡Me dejas con la boca abierta! ¡Impresionante! —dijo Toni.  

—Aunque, verás, no puedo evitar pensar en algo. ¿Qué hace tu barco pirata en medio del desierto? 

 

Súbitamente, Frida "La Terrible" parecía muy enfadada.  

—¿Y ? ¿Por qué estás en un desierto?" 

Toni respondió: 
—Básicamente, porque me he perdido. Estoy buscando a Drago, el dragón, pero la verdad es que no sé dónde ir. 

Frida la Terrible se quedó ojiplática.  
—Pero ¿que idea tan tonta es esa? Drago es increíblemente peligroso y arroja fuego por la boca. Además, se come a todos, tanto humanos como animales. Y NO le gustan los refrescos. Y es malvado. ¡Y es tan fuerte que es capaz de levantar un barco pirata y lanzarlo por los aires hasta un desierto! 

 

A Toni se le hizo un nudo en la garganta. Pensó que cuantas más cosas sabía de Drago, más malo parecía ser.  

Frida sentía con la cabeza con énfasis: 
—Sí, sí, eso fue lo que sucedió. Drago lanzó mi barco justo hasta aquí y ahora no puedo surcar los siete mares ni saquear. 

—Watashi wa kyandî ga hoshîdesu—cotorreó el loro de repente.  

—¡Madre mía! ¿Tu loro habla? 

—Sí —respondió orgullosa Frida.  

—¿Y qué dice? 

No tengo ni idea, solo habla japonés.  

—Bueno —dijo Toni, un poco decepcionado. ¿Sabes dónde vive? 

—Sí, solo tienes que seguir ese camino —señaló Frida.  

 

Toni le dio las gracias y comenzó a caminar de nuevo. Mientras se alejaba y pensaba que al final había sido superfácil averiguar el camino, el viento comenzó a soplar. Primero sopló un poquito, luego mucho y al final el viento se convirtió en un tornado con tanta fuerza como para elevar a Toni por el aire haciéndolo girar y girar...



Capítulo 7

El tornado volteó a Toni haciéndolo girar con mucha fuerza y velocidad, algo que jamás antes había experimentado. El viento arremolinaba muchas otras cosas más además de Toni, como calcetines, libros, piezas de rompecabezas, un ataúd y otras mil cosas más. Toni se concentró principalmente en evitar que nada le golpeara la cabeza, intentó mirar a su alrededor en busca de algo a lo que... Agarrarse fuertemente.  

 

Pero de repente, el viento dejó de soplar y Toni se agarró inmediatamente a una barca de goma que volaba a su lado. Toni y la barca de goma se estrellaron de golpe en un río. 

 

—Uf, poco me ha pasado —le dio tiempo a pensar a Toni justo antes de darse cuenta de que la barca de goma se desplazaba por el agua a muchísima velocidad. Y cada vez lo hacía más rápido. Y justo delante había una cascada. Toni trató desesperadamente de usar sus cascos para impulsarse hasta la orilla, pero daba igual cuánto se esforzara, cada vez estaba más cerca de la cascada. Toni cerró los ojos. Y luego se desmayó.  

 

Cuando Toni volvió a abrir los ojos, él y la barca de goma habían sido arrojados a tierra. Toni estaba empapado desde el hocico hasta la cola y todas sus cosas estaban esparcidas sobre la hierba. Pero aún tenía su reloj de arena y lo más importante de todo; estaba vivo.  

 

—¿Qué haces ahí tirado? —preguntó una voz de repente. Detrás de Toni había un hombre muy alto con largos brazos, bigotes aún más largos y con cuerdas y equipo de escalada colgando por todas partes.  

—Bueno, es una historia larga, en realidad voy camino del castillo de Drago. ¿Sabes dónde está? 

El hombre grande sacudió la cabeza negando.  

—Pero que idea tan tonta. Drago es increíblemente peligroso y arroja fuego por la boca. Además, se come a todos, tanto humanos como animales. Y no le gustan los refrescos. Y es malvado. ¡Y es tan fuerte que es capaz de levantar un barco pirata y lanzarlo por los aires hasta un desierto! Y tiene un aliento mega apestoso. 

Toni lo interrumpió con impaciencia.  

—Sí, sí, ya sé todo eso. Lo he escuchado ya un montón de veces. Pero ¿sabes dónde vive Drago? 

—Te lo puedo mostrar. Tan solo tenemos que llegar a la cima de aquella montaña y te indicaré dónde está desde allí. ¡Pero vamos a tener que escalar! Y tenemos que hacerlo ¡ahora! 

Toni miró hacia la montaña y asintió señalando unas escaleras. 

—¿Y no podríamos subir simplemente por las escaleras? 

Nadie respondió, el gigante ya estaba escalando la montaña. Toni se encogió de hombros y comenzó a subir escaleras. Por el camino se encontró un manzano y cogió una sabrosa manzana roja. También hizo una pequeña siesta y se entretuvo en silbar a los pájaros mientras llegaba a la cima. 

 

Toni llegó y le dio a tiempo a disfrutar del sol una media hora, cuando el hombre llegó, sudando y jadeando. Y justo cuando puso el pie en la cima, se enfadó muchísimo. 

—¿Cómo diablos has llegado aquí antes que yo? 

Toni estaba a punto de explicarle que solo había subido por las escaleras y que era realmente mucho más sencillo que escalar, pero el hombre le interrumpió.  

—¡Entonces vamos de nuevo abajo y veremos quién llega primero! 

Toni tuvo que pensar con rapidez.  

—Vale, pero indícame primero por dónde se va al castillo de Drago. 

—Sí, sí. ¡Por allí! —señaló el hombre y luego se lanzó escaleras abajo a una velocidad increíble. Toni sacudió la cabeza y comenzó a trotar en la dirección que le había señalado el hombre. Hacia el gran y oscuro castillo...





Capítulo 8

Toni estaba de muy buen humor mientras caminaba en dirección al castillo. Aunque daba un poco de miedito al mirarlo... También parecía como si saliera fuego del techo de vez en cuando. Lo que importaba era que Toni finalmente se hallaba en el camino correcto y llegando al final de su viaje. La verdad era que había conocido a muchas personas interesantes, pero pensaba que ya era hora de llegar a su objetivo.  

 

Y justo cuando estaba pensando en eso, casi tropieza con dos largas piernas. Un mago con un bonito sombrero puntiagudo estaba sentado a la puerta de una tienda de campaña y fueron sus piernas con las que Toni casi tropezó.  

—¡Uy! Hola —murmuró el mago con voz débil, suspirando.  

—Hola —respondió Toni alegremente, a punto de seguir adelante, porque en realidad tenía mucha prisa. Pero el mago parecía tan triste, que Toni se detuvo.  

—¿Te pasa algo? 

—No, no, sigue adelante, no te preocupes —suspiró el mago. 

—Me parece que algo va mal, ¿verdad? 

—Bueno, es solo que... Es difícil de explicar —respondió el mago con una voz aún más débil.  

Toni miró de reojo su reloj de arena. La verdad es que no tenía tiempo para esto, aunque también le daba pena que el mago estuviera triste.  

—¿Por qué no me lo explicas de todos modos? 

El mago suspiró de nuevo. Tan profundo que la tienda se agitó.  

—Te diré que soy mago. 

 

Toni asintió. Saltaba a la vista.  

—Y por eso puedo hacer magia con todo. En todo el mundo". 

—¡Qué guay! —dijo Toni.  

—Sí, podría ser así —respondió el mago.  

—Pero... Cuando puedes hacer magia en todo en el mundo, nunca te falta de nada. No tengo ni idea de qué desear para mi cumpleaños. Y cuando uno puede tenerlo todo en el mundo, al final llegas a aburrirte, esa es la verdad. 

Toni se quedó pensativo.  

—Quizás lo único que te falta es tener una afición? 

El mago pareció animarse un poco.  
—¿Una afición? Sí... Esa podría ser una muy buena idea. 

Toni chasqueó los dedos, algo bastante difícil cuando en vez de dedos tienes cascos. Se le había ocurrido algo aún mejor. De hecho, le encantaría hacer su viaje en compañía y también sería genial tener un mago como compañero si Drago resultara ser tan peligroso como todos decían.  

—A lo mejor una buena afición para ti sería tener una aventura. Así, podrías acompañarme en una. 

—¡Madre mía! Qué GRAN idea, mi joven amigo. ¡Vayámonos ya! —dijo el mago poniéndose de pie de un salto. 

—Pero ¿no quieres escuchar primero cuál es la aventura? —preguntó Toni.  

—No, ya me lo contarás por el camino. Salgamos ya. 
 

Y así, Toni y el mago emprendieron la aventura. En exactamente 24 pasos, el mago se detuvo.  

—¿Qué ocurre? 

El mago se sentó en una roca.  

—Hum, creo que caminar todo el rato es un poco duro. Quizás no sea esto lo quiero después de todo. Además, estoy cansado. 

Toni estaba a punto de decir algo, pero un profundo ronquido lo interrumpió. El mago se había quedado dormido. Toni suspiró y arropó al mago con su manta de mago. Toni estaba solo, una vez más.  

 

Aunque no por mucho tiempo, porque de repente escuchó un atronador ruido de cascos aproximándose por detrás de él y una voz que gritaba: —¡Detente! ¡De lo contrario, será peor para ti!



Capítulo 9

Toni miró con mido por encima de su hombro.  

—¡Detente! —se escuchó de nuevo.  

Toni no tenía ni idea de qué hacer. Por un lado, lo más lógico sería detenerse cuando a uno le gritan que se detenga pero, por otro lado, el dueño de la voz que gritaba parecía bastante enfadado. Finalmente, el problema se resolvió solo, porque mientras Toni trotaba a paso ligero en dirección al castillo de Drago, un enorme caballo llevando a lomos a un verdadero caballero, lo adelantó. El gran caballo se detuvo justo frente a Toni y este no pudo evitar golpear el estómago del caballo con su cabeza.  

 

—¡Uy! Cuánto lo siento —dijo Toni, a pesar de que en realidad no era él quien se había detenido en mitad de la carretera. El gran caballo miró a Toni con enojo. Sin embargo, el caballero a lomos del caballo esbozó una enorme sonrisa y después sacó su espada con bastante violencia y señaló a Toni con ella.  

—¡Prepárate para morir! 

—¿Cómo? ¿Por qué? —preguntó Toni, asustado.  

—¡Por que eres un dragón y yo soy un caballero! Y los caballeros luchan contra los dragones y los matan —exclamó el caballero con orgullo.  

—Pero... Pero. 

Toni pensó que todo iba demasiado rápido.  

—Pero si no soy un dragón, soy un poni. 

—¡Eres un dragón de los pies a la cabeza! —rugió el caballero.  

—Te puedo asegurar que no lo soy en absoluto. A ver, en primer lugar, los dragones son verdes y como puedes ver, yo soy azul —explicó Toni.  

El caballero entrecerró los ojos.  

—Hum... Yo diría que verde azulado. 

El caballero volvió a apuntar con su espada.  

—ADEMÁS, tienes alas. Eres un dragón. 

—¡Te juro que no soy ningún dragón! —clamaba Toni con desesperación.  

—Mis alas son muy pequeñas y ni siquiera puedo volar. Y los dragones sí que pueden. ¡Mira, tampoco puedo arrojar fuego por la boca! 

Toni sopló y sopló para demostrar que por su boca no salía fuego alguno en absoluto.  

—Eres un dragón y punto, y no tendré más remedio que matarte. Así son las reglas —declaró el caballero levantando su espada.  

 

Sin tiempo para pensar, Toni comenzó a correr tan rápido como le permitían sus patitas de poni. Desafortunadamente, no era muy rápido en comparación con el gran caballo del caballero, que se encontraba justo detrás de él. Toni se adentró en una zona de matorrales y esperaba que el gran caballo fuera incapaz de hacer lo mismo. Pero sí que pudo. Toni zigzagueó para confundir al caballero y al caballo. Pero eso no funcionó. De repente, Toni se encontró en mitad de una llanura donde no había ningún lugar para esconderse. Así que corrió todo lo que pudo, pero el caballo seguía pisándole los talones. Y entonces Toni se cayó. Ni siquiera tuvo tiempo de pensar si le iba a doler, tan solo cerró los ojos y pensó: —Estoy perdido. 



Capítulo 10

—Perdona, pero ¿qué diablos está pasando? 

Toni entreabrió un poquito los ojos. La voz no era la del caballero. Es decir, ese caballero que tenía una gran espada y que lo perseguía porque pensaba que Toni era un dragón. Esta voz pertenecía a una mujer.  

 

Toni levantó la vista. Vio una gran torre y en la parte de arriba de esta, a una princesa guapísima. Estaba con los brazos en jarras y las cejas fruncidas.  

—Sí, sí, te estoy hablando a ti, amigo. ¿Qué haces?  

La princesa señaló al caballero que se había bajado de su caballo. Este a su vez apuntó a Toni con su espada.  

—Hola, hermosa princesa, estaba a punto de matar a un dragón muy muy peligroso. 

Toni estaba a punto de decir algo, pero el príncipe ya había levantado su espada, por lo que Toni volvió a ponerse de pie y echó a correr dando vueltas y más vueltas alrededor de la torre de la princesa con el caballero pisándole los talones. Toni comenzó a sentir que se le cansaban las patas, algo que aparentemente no le ocurría al caballero, que no dejaba de correr y correr. Hasta que de repente se escuchó un fuerte golpe y el caballero comenzó a quejarse y a frotarse la cabeza por encima del casco.  

 

—¿Qué fue eso? —le gritó a la princesa.  

—Una naranja que te he tirado a la cabeza. Está claro que te resulta imposible escuchar nada, así que tendré que llamar tu atención de otra manera. 

La princesa señaló en dirección a Toni.  

—Ese de ahí es un pony y no un dragón. 

El caballero sonrió y negó con la cabeza.  

—Lamento tener que corregir así a una princesa de verdad, pero estás equivocada. No hay duda alguna de que se trata de un dragón. 
—No lo es. 

—Sí lo es. 

—No lo es. 

 

Y así estuvieron un rato, mientras Toni pensaba solo en cómo poder escabullirse sin ser descubierto, pero el caballo grande y enojado del caballero le cerró el paso.  

Entonces la princesa parece que tuvo una idea.  

—Hola, ¿Don Caballero? Porque te llamas así, ¿verdad? ¿Sabes realmente cuál es la tarea más importante de los caballeros? ¿Más importante que cazar dragones? 

—Hum... Esto... Creo que no —murmuró el caballero.  

—Es muy sencillo. ¡Cortejar a las princesas! 

—Hum… ¿Cómo? ¿Cortejar? ¿Eso qué es? 

La princesa suspiró.  

—Eres un caballero, aunque no muy listo, ¿verdad? Cortejar significa que tienes que hacer que me enamore de ti. Puedes intentarlo, por ejemplo, cantándome una bonita canción. 

—¡No tenía ni idea! Pero lo haré —dijo el caballero, comenzando a canturrear y tararear, calentado la voz.  

 

La princesa le guiñó un ojo a Toni.  

—Supongo que lo mejor que puedes hacer ahora es huir. Pero ¿hacia dónde te diriges? 

—Gracias princesa. La verdad es que suena un poco tonto ahora, pero voy camino del castillo de Drago. 

Los ojos de la princesa se abrieron de par en par.  

—¿Drago? Drago es increíblemente peligroso y arroja fuego... 

Toni levantó uno de sus cascos.  

—Permíteme que te interrumpa, pero es que ya sé que Drago es peligroso y todo lo demás. Pero me he prometido a mí mismo que lo encontraré. Adiós princesa. ¡Y gracias!



Capítulo 11

Toni se escabulló tan rápida y silenciosamente como pudo.  

—Qué princesa más guapa —pensó para sí mismo mientras se alejaba. Y pensó en todos los personajes tan divertidos, lindos y extraños que había conocido en su aventura. Tanto el ninja que custodiaba el puente, como el vampiro que no soportaba la luz Y le tenía miedo a la oscuridad, la abominable bruja, el vaquero parlanchín, la pirata Frida y ese montañero que convertía todo en una competición.  

 

Había sido un viaje emocionante y jamás en su vida había experimentado tantísimas cosas.  

 

Sin embargo, ahora la cosa estaba a punto de ponerse seria. Toni no estaba muy lejos del castillo de Drago, el dragón. Era grande y oscuro, y sí, parecía que salía fuego del techo de vez en cuando.  

 

Toni hizo un descanso. La verdad es que se encontraba bastante lejos de casa. ¿Debería darse la vuelta y regresar a la Escuela de ponis y seguir trotando junto a todos los demás el resto de sus días? Toni estuvo pensando durante mucho tiempo. —¡No! No, no lo haría. Se había prometido a sí mismo que saldría al mundo, encontraría a Drago, el dragón, y lucharía contra él. Y eso es lo que iba a hacer. Después de todo, el dragón era tremendamente peligroso, o eso decían todos, así que quería hacerle un favor al mundo. Sobre todo, sabiendo que era increíblemente peligroso y arrojaba fuego por la boca, que se comía a todos, tanto humanos como animales y que no le gustaban los refrescos y que era malvado, y tan fuerte que era capaz de levantar un barco pirata y lanzarlo por los aires hasta un desierto. Y tenía un aliento mega apestoso. Toni también pensó que lo más seguro era que empleara todo tipo de artimañas en las peleas.  

 

Toni siguió adelante, aunque caminando bastante lento. Era como si sus patas no quisieran acompañarle, más bien parecía que querían quedarse donde estaban. Toni se miró los cascos.  

—Vamos, compañeros, todo irá bien. 
 

Así que paso a paso llegó frente a la puerta del castillo de Drago. Era una puerta muy grande y bastante siniestra, y Toni no sabía si realmente quería saber qué había al otro lado. Aún así, llamó al timbre. La verdad es que había apretado el botón muy suavemente, pero el timbre sonaba como si estuvieran tocando mil campanas a la vez.  

 

Y después escuchó pasos pesados. Luego escuchó a alguien forcejear con la cerradura. Y entonces la puerta comenzó a abrirse lentamente y rechinando...



Capítulo 12

Toni contuvo la respiración. La puerta se abrió y frente a él estaba Drago, el dragón, ofreciéndole la mejor de sus sonrisas.  

—¡Hola! ¿Quién eres? ¿Te apetece entrar? Si tienes hambre, puedo hacer palomitas de maíz. 

Toni dejó de contener la respiración y en su lugar comenzó a abrir y cerrar la boca.  

—Vaya... Pues... Sí, gracias, me gustaría entrar. Y también tengo mucha hambre, la verdad. 
—Bueno, pues adelante. De hecho, creo que también tengo algunos refrescos en la nevera, por si tienes sed. 

—¡Sí, gracias! —respondió Toni.  

 

Drago le mostró orgulloso su castillo y en general parecía muy agradable. Toni pensó que todo era muy extraño, pero se armó de valor y dijo: 

—Perdona, Drago. 
—¿Sí? 

—Pensaba que en realidad eras bastante... Peligroso. Y que no te gustaban los refrescos ni cosas así. 

Drago se rió.  

—Bueno, mucha gente cree que es así. Es como si la gente hablara desagradablemente de cosas a las que tienen miedo. Yo creo que soy bastante buena gente, pero cada vez que me encuentro con alguien, echa a correr en dirección opuesta, así que nunca me da tiempo a decirles que no soy peligroso en absoluto. Tampoco me visita nadie. De hecho, eres el primero que lo hace.  

—Lo siento —dijo Toni muy serio.  

Drago se encogió de hombros.  

—Bueno, supongo que así son las cosas. Pero ser un dragón también tiene muchas cosas geniales. Por ejemplo, ¡puedo hacer magia! La magia de dragón es increíble. ¿Quieres verlo? 

Y vaya si Toni quería verlo.  

—¿Qué quieres que haga aparecer? Tú decides. 

Toni se quedó pensativo.  

—¿Un helado? —sugirió. Sobre todo, porque sería genial ver cómo aparecía un helado por arte de magia, pero también porque podría comérselo.  

—Qué idea tan brillante, ¡a mí también me encanta el helado! ¿Estás preparado? 

Toni lo estaba.  

—¡3-2-1, tachán! —dijo Drago, agitando su varita.  

Al hacerlo, surgió una pequeña nube de humo y en el suelo apareció... una bicicleta.  

—¡Diablos! Espera un poco, lo voy a intentar otra vez. ¡3-2-1, tachán! 

Drago volvió a agitar su varita. Y esta vez apareció un sombrero de copa.  

—Bueno, me falta un poco de entrenamiento, pero puedo hacerlo. Un momentito. ¡3-2-1, tachán! 

Y ahora Drago hizo aparecer una lámpara y todo tipo de cosas más. Drago no pudo hacer aparecer un helado, pero no importaba, ver magia era divertido de todos modos. Drago y Toni comieron palomitas de maíz, bebieron refrescos y se lo pasaron superbién. Justo hasta que Toni miró el reloj de arena de su mochila. La arena no dejaba de correr y no quedaba mucho tiempo. ¡Tuvo una idea! 

—¿Drago? Somos amigos, ¿verdad? 

Drago soltó un eructó, haciendo que saliera un poco de fuego por la boca, algo que casi hizo que Toni perdiera sus crines.  

—¡Uy! Lo siento, me resulta un poco difícil controlar el fuego. A ver si me entero. No nos conocemos desde hace mucho tiempo, pero sí, somos amigos de verdad. 

—Entonces, ¿me ayudarás con una cosa? 

—¡Por supuesto! 

—Genial. Gracias, Drago. Mira, puedes preparar tu mochila, es que tenemos que irnos, ¡ya! 





Capítulo 13

Drago y Toni emprendieron la marcha.  

—¿Por qué vamos ahora a la Escuela de ponis, Toni? —preguntó Drago.  

—Quiero contarles a los otros ponis lo maravilloso y mágico que es el mundo, porque lo único que tiene que hacer es trotar el resto de sus días. ¿Te lo imaginas?  

—La verdad es que no, porque suena increíblemente aburrido. 

—Así eso, Drago. Por eso tenemos que evitar que troten toda la vida. Y he pensado una cosa. ¿Podría sentarme en tu espalda? Así podríamos llegar volando hasta allí. 

Drago se detuvo y súbitamente se puso muy serio.  

—No, eso no sucederá. Los dragones jamás vuelan con nadie a sus espaldas. Simplemente no lo hacemos, es una regla. 

Toni permaneció callado unos momentos.  

—Vale. Entonces tengo otro plan. Lo que vamos a hacer es seguir el mismo camino por el que vine, pero en dirección opuesta al que tomé para llegar a tu castillo. 

Drago silbó. A menudo hacía esto cuando alguien decía algo inteligente y Toni lo hacía a menudo. Mientras tanto, Toni hurgó en su mochila. Encontró un par de gafas y un bigote falso, y se los entregó a Drago para que se los pusiera.  

 

—¿Para qué sirve esto? —preguntó Drago.  

Vamos a encontrarnos con un caballero que está bastante loco por matar dragones, así que te disfrazaré. 

—¡Un caballero! —gritó Drago tan fuerte que por su boca salía fuego mientras se elevaba bufando hasta la copa de un abeto.  

—¡Solo tiene que venir a por mí! Los dragones no le temen a nadie ni a nada en absoluto... Bueno, quizás un poquito a las serpientes. ¡Pero no a los caballeros! 

Toni le dio a Drago unas palmaditas en la espalda.  

—Por supuesto que no le tienes miedo a nada, pero es que no tenemos tiempo para luchar contra caballeros. Tenemos que llegar a casa, a la Escuela de ponis. 

 

Así, Toni y Drago fueron capaces de escabullirse del caballero, que seguía cantando canciones a la princesa. Pero el astuto disfraz de Toni no fue suficiente para engañar al caballero. Se dio cuenta inmediatamente de que Drago era un dragón e inmediatamente desenvainó su espada.  

—¡Terminaré contigo, dragón! —gritó.  

—¿Sí? Pues aquí me tienes —replicó Drago, levantándose. El caballero también se irguió, acercándose cada vez más con la espada en la mano. Pero justo antes de enfrentarse, la princesa dio un grito tan fuerte que hizo estallar todas las ventanas de cristal de la torre, y tanto Drago como el caballero se detuvieron. Toni y la princesa se interpusieron entre Drago y el caballero.  

—Pero ¿qué hacéis? —preguntó Toni.  

—Él es un dragón y yo soy un caballero. Y por eso tenemos que luchar —explicó el caballero. 

—¿Por qué? —preguntó Toni. 

—¿Qué quieres decir? Soy un dragón y él es un caballero, y por eso tenemos que luchar —confirmó Drago.  

—Así son las cosas —dijeron Drago y el caballero al unísono, algo que ambos encontraron un poco extraño.  

—Querido caballero —interrumpió la princesa—. Según tengo entendido, Toni el Poni y Drago, el dragón, tienen prisa por llegar a su casa, a la Escuela de ponis. 

—Bueno —dijo el caballero. 

—Además, lo de la canción no te ha salido tan mal —continuó. 

—¿De verdad? —preguntó el caballero.  

—De verdad —confirmó la princesa.  

—¿En serio? —preguntó el caballero.  

—¿Ves ese pequeño charco de allí? —continuó la princesa, señalando un charco de agua muy pequeño. El caballero se acercó a inspeccionarlo.  

—Esas son mis lágrimas, porque me emocionó mucho la canción que me cantaste. 

—¿Te hizo llorar? —preguntó el caballero. 

—¡Sí! Ibas por el buen camino para ganarte mi corazón y si continúas podremos vivir felices y comer perdices. 

—¿Podremos? Eso suena súper —exclamó el caballero.  

—Entonces seguiré cantando en cuanto arregle el problemilla del dragón. 

—¡No! No puedo enamorarme de un caballero que quiere luchar contra un dragón tan bello como Drago —afirmó la princesa.  

El caballero miró hacia Drago y después a la princesa. Luego hacia Toni y de nuevo a Drago.  

—¿Creéis también que canto bien? —preguntó. 

—¡Sí, por supuesto! —exclamó Toni. 

—Para nada, cantas fatal —dijo Drago.  

—¿QUÉ has dicho? —gritó el caballero, mientras su cara enrojecía de enojo.  

 

Toni se apresuró a darle una patada a Drago en el costado para hacerle entender de qué iba todo esto. Drago carraspeó.  

—A ver... A lo mejor no cantas muy bien ahora, ¡pero la práctica hace al maestro! Y si te quieres ganar el corazón de la princesa, quizás lo mejor sería que no nos peleáramos y que siguieras practicando. 

Toni susurró: —Bien hecho, Drago. 

—Me voy a sentar unos momentos a reflexionar, porque no estoy seguro de cuál es el objetivo de un caballero en la vida. ¿Debe luchar contra dragones o ganarse el corazón de la princesa? —suspiró el caballero, sentado apoyando la espalda contra la torre con los ojos cerrados. La princesa le guiñó un ojo a Toni y este se volvió hacia Drago: 

—Creo que debemos seguir adelante, Drago, así la pregunta del caballero se responderá por sí sola.  

 

Y así se alejaron de la torre y dejaron que el Caballero pensara en paz mientras la princesa le acariciaba la mejilla suavemente. Algo que, según pudo sentir el caballero, era muy agradable.   



Capítulo 14

Tras este encuentro con caballeros y princesas, Drago pensó que sería bueno hacer un descanso para poder comer, hacer la digestión, comer algo más, tomarse un postre y después hacer la digestión y descansar nuevamente. Pero no había tiempo para eso, porque Toni miró el reloj de arena y de repente pensó que el tiempo pasaba terriblemente rápido cuando estaba tan lejos de casa. Toni estaba compartiendo sus preocupaciones con Drago cuando su voz quedó ahogada por un ronquido superfuerte.  

 

—¡Es el mago! —grit